Libros gratis

En la pista de baile las parejas seguían evolucionando al ritmo del acordeón de Quico, y entre ellas, Irene y Rafael, a los que yo no quitaba ojo. El brazo musculoso y moreno de Rafael rodeaba, suavemente pero con firmeza, la cintura de la mujer. Ella apoyaba suavemente una mano en el hombro de él y la otra estirada, como convenían las antiguas normas del baile. Yo los observaba sentada en una silla, un poco retirada de la plaza, esperando. No sabía que era lo que esperaba, pero estaba segura de que esa noche era especial y algo estaba por suceder. Poco a poco, la pareja sin dejar de bailar fue separándose del resto de los danzantes. Luego se soltaron y se fueron alejando de la plaza, paseando. Mi madre me había Libros gratis que no me moviese de los alrededores, pero yo quería saber a dónde iban. Así que busqué con la mirada a mis padres y los vi bailando. Parecía que, por una vez, estaban disfrutando y seguramente yo volvería antes de que se diesen cuenta de mi ausencia. Me levanté de la silla, pero antes de marcharme me fijé en una figura silenciosa que apoyada en una farola no dejaba de observar a mi madre. Era D. Hermenegildo y no me gustó su mirada. Tenía que marcharme si no quería que Irene y Rafael se me despistasen, pero no pude evitar que un extraño desasosiego me inundase.

http://bajaepub.com/

Descargar libros gratis (6)

La pareja iba acelerando el paso a medida que se alejaban del centro del pueblo y yo les seguía a una distancia prudencial para no ser descubierta. Dejaron las casas atrás y pensé que quizá se dirigían al descampado donde estaban los carromatos del circo, hasta que me di cuenta que cogían el camino que llevaba directamente al caserón abandonado. Era ésta una gran casa antigua con una historia extraña. Al parecer el dueño era un vecino del pueblo que en su juventud había emigrado a América. Allí debió hacer fortuna y volvió ya casado y con un hijo adolescente. Trajo también con él a un muchacho negro que todos decían que era su esclavo. Mandó construir aquella gran mansión y se hizo llamar Barón, aunque nadie sabe de dónde sacó el título. El caso es que al cabo de los años, una calurosa noche de verano, se declaró un gran incendio que arrasó por completo una pequeña casita donde vivía el criado negro, a quien todos llamaban Toby.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s